martes 8 de febrero de 2011

Gaspar Moisés Gómez - LAS BRAVÍAS ABEJAS


Solos


Solos. El tiempo que nos vive canta
madurándonos; entra en hermosura...
No alienta el mar. De golpe, la bravura
del cielo nos apura y nos levanta.


Hemos tenido a Dios muy confundido
-metálico de gloria-. Mas hoy, muda,
su distancia de amor habla desnuda
creándonos un tiempo sin olvido.


Pronunciaremos el milagro. Audible
será la fuerza que nos una: tánto
que hasta la rosa quede sin verdades.


Y el mundo, amor. El mundo es imposible
de temporal; viviéndose por cuanto
hay en nosotros de divinidades.




Tu alma rubia


Tu alma rubia, amor, como el estío
de Castilla. Tu alma, lo que nombro
golpeando saliva contra el cielo,
pájaros, labios musicales, oros
vivientes. Pero más. Necesitamos
mucho más. Una puerta a los asombros
eucarísticos. Algo que nos diga
que se cumplen los cielos en redondo;
que la palabra es vicio de un arcángel
sin ley.


No sabes, amor, todo
lo que tuve que andar por la inocencia
para decir "te amo". Ni los ojos
que tendré que pegar contra la luz,
contra Castilla -espíritu entre lobos-
para que mi sentido alcance a ver
tu interior de colmena sin estorbo.


Hoy te digo, alma rubia, fiero estío,
y el mundo pónese tan asombroso,
tan herido de labios, que se calla
por la alondras y por mí, en el fondo




Te besaré


Te besaré la fruta consagrada
bajo los labios. Fruta del abismo
híspida de serpiente y cristianismo,
con un cierto sabor de enamorada.


Te besaré, alma adentro, muerte a cada
tiempo de luz; hasta que ni yo mismo
me pueda ejercitar en heroísmo
de tanta gloria pura y deslumbrada.


Te besaré y el mundo será quieta
maravilla. Oh tu centro de ternura
donde estás por el beso a mi sujeta


Conmigo morirás -arrastre fiero
de alas y pecados-; con mi oscura
condición de anhelarte cero a cero.




Este sagrado amor


Este sagrado amor que no me deja,
que me tiene pegado contra el cielo,
es un ente divino y doloroso
logrado en luz contigua de mi pecho.


Miro y hablo del mundo. Todo ocurre
por su clarísimo suceso:
las abejas que labran el otoño,
la luna, la montaña y el invierno


Os amo tánto, verdes, rosas, ríos...
que ni queda lugar para el encuentro.
Respiro brillos, alas, música
total; quemo tu triunfo, amor, y beso.


Beso furioso el oro. Digo
que de mirarte al fin serán más bellos
no mis ojos, sino hasta la pobreza
que puesta en pie suspira por tu centro.




Tras de lo azul


Tras de lo azul se duerme tu inocencia
lejana del ruido y sus confines.
La paloma en el aire. Mi palabra
como una abeja de oro que te asiste.


No quiero, amor, que te despiertes. Suéñame,
mar adentro, alma fiel, hasta que olvides
mi mano impura, el fuego de mis ojos:
la materia que peca en lo visible.


Suéñame respirándome. Tu mundo
para mí solo. Sueña; sueña y víveme
junto al hueso de amor, y en tu ribera
musical, donde mi tiempo consigues.


Deja este labio. Deja el mar. Dejemos
el mundo peligroso que no sirve
para una explicación tan inocente
como la de por qué "son" los jazmines.


Suéñame. Dórame los años. Canta.
Pero déjame ser un poco triste,
no sea que despiertes y me tenga
que volver a mi aldea sin morirme.

Poemas extraídos de "Las bravías abejas" (El Toro de Granito, Ávila, 1969)

NOTA: Más de Gaspar Moisés Gómez AQUI

2 comentarios:

Laura dijo...

De casta le viene al galgo, me ha encantado tu abuelo. Te quiero mi niño q hoy no te lo he dicho aun. Un besico
Ahora nos vemos.

calma dijo...

Increíble lo de tu abuelo Jorge, un poetazo, que hermosura de poemas, abrázalo fuerte, para ti, todo mi cariño siempre.