Cuadro realizado por Modesto Llamas Gil
UN VERANO DE AMOR
El verano me deja el pecho transparente
como si del corazón irradiase una hostia.
El trigal amarillo
responde al brillo último que se esconde en mis ojos;
y la paloma comienza a gemir,
fervorosa de amor, con su celo en mi sangre.
A través de mi cuerpo se mira el mundo
vivísimo. Por él
se ve la rosa, más que rosa, cifra
cantada. Y en los claros límites
de mis manos, aquella
joven se gana en toda su inocencia; brillan
sus cabellos, y en su pecho un canto
a las colinas bajo el sol.
Con esta mariposa vibra el prado.
Con estos árboles se forma un bosque
musical, porque allí te beso
con la rápida furia de mis hojas
que contra nosotros se cierran moviéndose.
Arboles, árboles como de fuego.
Este verano; digo, aquel verano
veíamos a Dios, tú a través mío,
yo a través de tu propia
saliva donde bebe tu alma,
y que en la punta de mi lengua era
más dulce, errante, clara y brilladora.
¡Qué cielo entre los dos para morir
de amor! ¡Qué altas evidencias
y comunicaciones!
El verano,
como una hostia contra el pecho, me da su comunión;
pone aguda la sien con el ruido;
y me acerca, me acerca tanto a ti
con su luz evidente,
que nombro hasta la sombra de tu cabello, y arden
mis hijos como un ramo
entre tus senos y entre mi memoria.
CON EL AIRE MOISÉS
Con el aire Moisés que bien y va
de Ávila a León, de León a Ávila,
bailen los árboles y se dore el trigo.
Con el viento que nace en mis entrañas.
Roja se ponga tu carita fresca,
hijo de mis arrugas soledades.
Con el viento que mando desde aquí
hágase eterna la luz en tu cara.
No sé hasta cuándo mandaré mi aliento
para que viva junto a tu palabra.
Semillas fuertes van en el de hoy.
Tú crecerás por cima de mis lágrimas.
Cuando seas mayor escríbeme.
Que sin señas me llegará la carta.
Lo mismo si de amor que si de pena,
yo reconoceré tus letras claras.
Mi espíritu esta tarde es la paloma
que, en el aire, de pura, va que habla.
Que te dé arrullo y te cubra de amor
(Siquiera digas que oyes por mi causa).
Voces de amor y rojas; tenues, lentas,
calientes: brisa eterna entre tu alma.
Que como herencia las recibas hoy
por si no fuese posible mañana.
CANTO PERDIDO
Escribo en las paredes
coplas que nadie lee
¿Mi carcelero no quedará muerto
de verme sólo el ademán del brazo?
Me nombro en las paredes
con cenizas eternas. De política
nada. Ya será suficiente si me salvo
gimiendo, extraño y mísero cobarde.
Contra los odios, contra los errores,
escribo por la noche;
borro de día.
Esto será un canto perdido.
La bandera que no llevará un pueblo.
Escribo con las uñas
gastadas hasta el codo.
Cuando me traigan la comida, acaso
pueda tan sólo masticar mi honor.
POEMA PENÚLTIMO
Con el ala herida llega este poema,
el penúltimo, el indeciso;
el que toca la tierra de nuestro cuerpo y nos calcula
doliente gravedad y sospechosa tarde.
Se va callando cada vez más hondo
hacia donde las aguas no preguntan ni por su nombre.
Mañana, su silencio,
entre Dios y la nada, será la respuesta
definitiva. Oh pájaro que pienso
que tuvo un cuerpo vivo, una voz dulce;
tranquilamente defendido
por su misma presencia.
Rodeado
de su forma de ser como de un aire
sagrado, toda la noche ardía
como entre pluma y cielos musicales.
Poema siempre a punto, niño ciego
por mi camisa; oro que siempre
gasté sin disimulo, eternizándome.
Pero ya en este momento, en este anochecer,
su leve monte de ternura va eclipsándose,
y no vendrán a cantar en él los hijos de mis hijos,
porque su honda no llegará lejos;
porque su fervor se estrellará contra el muro futuro.
Haré una suma de restos a salvar:
mi madre, mi inocencia, mi guitarra;
Emilia, Marta, el cielo entre los ojos
de Moisés; Elenita de puntillas
llorando, y Beatriz donde se acaba
tan dulcemente mi noche de bodas.
Con esta suma me pondré a callar
con insistencia, con terca agonía.
Que estén presentes en mis ojos últimos
los que fueron primeros en mi vida.
Mas este sólo poema es el que importa
hoy. Ay. Digo, hoy. Que acabe si es posible
cantando; alegre aunque la noche venga;
para que si Dios lo escuchase mañana
cuando el poeta caiga a tierra, oiga
(desde todos sus puntos eternos),
oiga, oiga, con ojos, oídos, pecho,
con amor oiga, oiga con amor
la suma de silencios revelados.
Poemas extraídos del libro Con ira y con amor (Premio Internacional Álamo, Salamanca 1968) Colección ALAMO.
NOTA: Los primeros de cada mes iré subiendo poemas, reseñas, publicaciones, etc. de Gaspar Moisés Gómez, mi abuelo. Para encontrar todo lo relacionado con mi abuelo, en este blog, se puede pinchar en la imagen que aparece en el lateral de la derecha.
4 comentarios:
Interesante y degustable poesía, bien por darlo a conocer.
Saludos.
Maravilloso Jorge, tu abuelo debía ser una persona muy especial, como tú.
Besos
Y lo sigue siendo, Calma ;)
Besos.
Pues iré siguiéndolas con todo el interés y el gusto del mundo..qué buen sabor de boca me han dejado, hacían falta en este otoño tan tenebroso, tan frío.
Destaco "un verano de amor", por la de veces que lo he leído desde que los has puesto, y hoy me ha emocionado la última estrofa de "Poema penúltimo".
No sabía que tu abuelo fuera poeta, ignorante de mí.
Me ha gustado mucho lo que he leído, he mirado tus otras entradas referentes a él.
Gracias, Jorge
besos
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